Quedan 18 días para que se termine la cuaresma y un raspe y gane me ayudará a hacer pequeños cambios. Si yo sé, cuaresma suena como la música que ponen en televisión luego de un chiste flojo; suena a vida parroquial, a pastoral social, a infancia misionera, a encuentro ecuménico, al sacramento de la confesión y todos esos términos católicos que utilizan los sacerdotes justo antes de dar la bendición que termina la misa (el término correcto es eucaristía, pero me niego).
La cuaresma dura 40 días desde el miércoles de ceniza hasta el jueves santo. El mensaje de Jota del año pasado sobre la cuaresma, explica bien de que se trata: “Es un tiempo de transformación. Y para transformarse hay que tener conciencia, disciplina, constancia. Es un tiempo de reflexión para sentir el llamado que Dios hace en el corazón para los cambios que tenemos que hacer como personas y como sociedad. Es un tiempo de disciplina para trabajar en esa transformación que exige esfuerzo. Ese es el sentido de la penitencia: que no es el castigo, sino el trabajo para cambiar, transformar lo que sabemos o vamos descubriendo que puede ser mejor. Es un tiempo de espiritualidad para que tengamos plena conciencia de que Dios, el más íntimo que lo más íntimo de mi mismo, trabaja permanentemente humanizándonos, haciéndonos hermanos, justos, solidarios, verdaderos, amorosos, reconciliados.”
En el colegio que estudié, el sentido de la cuaresma es muy cercano al de Jota. Siguiendo la costumbre aprendida en el colegio, cada año me fijo una intención de cambio en el miércoles de ceniza. En esa limpieza de closet que antecede la ceniza, salen perros, gatos, dragones y zapatos viejos. Lo que no me pongo y que alguien más podría usar; lo que no me pongo y no me acordaba que tenía; lo que ya no me queda porque me engordé o adelgacé; lo que ya no me pongo porque pasó de moda. Pero este año ese día no solo me agarró enferma sino poco inspirada. Además no pude zafarme de la misa, pero bueno, me dio tiempo para pensar en el propósito de la cuaresma. Uno general y multiusos y por lo tano poco medible. Al final de la misa el padre dijo que los monaguillos y los seminaristas iban a entregar algo así como un cupón y que no había para todos. Hice la fila para la ceniza y el padre me dijo “conviértete y cree en el evangelio” y yo acepté pensando en mi meta con un amén. Salí y sí alcancé al cupón. Era un tarjetón cuaresmal con 40 propósitos para resucitar con Cristo (si yo sé, vuelve a sonar la música de chiste malo). Pero en las instrucciones del tarjetón decía:
1. Recordar que es mejor un pequeño esfuerzo que tratarse mal, es decir que hay que tener misericordia con uno mismo.
2. Un gran propósito suele quedarse en palabrería mientras que uno pequeño cada día es más fácil de cumplir.
3. La cuaresma es un tiempo de cambio y si se viven esos pequeños propósitos seriamente, ayudaran a ser una persona nueva. Eso es resucitar con Cristo.
El tarjetón me apreció una idea buenísima. Que hable de misericordia con uno mismo me pareció lo máximo, porque el discurso de la iglesia católica siempre es condenatorio: somos unos pecadores que debemos rogar por el perdón de Dios. Lo de los pequeños propósitos me pareció práctico y medible. Si me hubiera quedado con mi intención general, no hubiera estado motivada para hacer cambios y hoy no tendría nada concreto para contarles. Aunque debo confesarles que raspé tres casillitas y me quede tres semanas en la tercera, que era aprovechar mi tiempo al máximo. Pero debo también decir que en todo ese tiempo, a mi modo he cumplido las otras dos: rezar por las intenciones de otra persona; invitar a misa a alguien que este alejado de Dios. De un lado, he dedicado los beneficios de mi práctica de yoga y meditación a otras personas y del otro aunque no he ido a misa con mi papá, si he dedicado tiempo a estar con él y entender por qué hace lo que hace.
Por eso quiero compartir el resto de mi raspa y gane con ustedes. En caso de que alguno se anime a hacer cambios y esté bajo de inspiración como yo en el miércoles de ceniza. Desde hoy pondré uno de los propósitos acá en el blog. Si alguno quiere escribir sobre como los cumplió sería buenísimo. Acabo de raspar mi cuarta casilla: “Rezaré el rosario con mucha devoción”. No sé cómo voy a cumplirlo porque no sé cómo se reza el rosario y me cuesta creer que ese tipo de oración repetitiva tenga algún efecto. Tal vez cante con mucha devoción un mantra de yoga. Les cuento mañana.
La cuaresma dura 40 días desde el miércoles de ceniza hasta el jueves santo. El mensaje de Jota del año pasado sobre la cuaresma, explica bien de que se trata: “Es un tiempo de transformación. Y para transformarse hay que tener conciencia, disciplina, constancia. Es un tiempo de reflexión para sentir el llamado que Dios hace en el corazón para los cambios que tenemos que hacer como personas y como sociedad. Es un tiempo de disciplina para trabajar en esa transformación que exige esfuerzo. Ese es el sentido de la penitencia: que no es el castigo, sino el trabajo para cambiar, transformar lo que sabemos o vamos descubriendo que puede ser mejor. Es un tiempo de espiritualidad para que tengamos plena conciencia de que Dios, el más íntimo que lo más íntimo de mi mismo, trabaja permanentemente humanizándonos, haciéndonos hermanos, justos, solidarios, verdaderos, amorosos, reconciliados.”
En el colegio que estudié, el sentido de la cuaresma es muy cercano al de Jota. Siguiendo la costumbre aprendida en el colegio, cada año me fijo una intención de cambio en el miércoles de ceniza. En esa limpieza de closet que antecede la ceniza, salen perros, gatos, dragones y zapatos viejos. Lo que no me pongo y que alguien más podría usar; lo que no me pongo y no me acordaba que tenía; lo que ya no me queda porque me engordé o adelgacé; lo que ya no me pongo porque pasó de moda. Pero este año ese día no solo me agarró enferma sino poco inspirada. Además no pude zafarme de la misa, pero bueno, me dio tiempo para pensar en el propósito de la cuaresma. Uno general y multiusos y por lo tano poco medible. Al final de la misa el padre dijo que los monaguillos y los seminaristas iban a entregar algo así como un cupón y que no había para todos. Hice la fila para la ceniza y el padre me dijo “conviértete y cree en el evangelio” y yo acepté pensando en mi meta con un amén. Salí y sí alcancé al cupón. Era un tarjetón cuaresmal con 40 propósitos para resucitar con Cristo (si yo sé, vuelve a sonar la música de chiste malo). Pero en las instrucciones del tarjetón decía:
1. Recordar que es mejor un pequeño esfuerzo que tratarse mal, es decir que hay que tener misericordia con uno mismo.
2. Un gran propósito suele quedarse en palabrería mientras que uno pequeño cada día es más fácil de cumplir.
3. La cuaresma es un tiempo de cambio y si se viven esos pequeños propósitos seriamente, ayudaran a ser una persona nueva. Eso es resucitar con Cristo.
El tarjetón me apreció una idea buenísima. Que hable de misericordia con uno mismo me pareció lo máximo, porque el discurso de la iglesia católica siempre es condenatorio: somos unos pecadores que debemos rogar por el perdón de Dios. Lo de los pequeños propósitos me pareció práctico y medible. Si me hubiera quedado con mi intención general, no hubiera estado motivada para hacer cambios y hoy no tendría nada concreto para contarles. Aunque debo confesarles que raspé tres casillitas y me quede tres semanas en la tercera, que era aprovechar mi tiempo al máximo. Pero debo también decir que en todo ese tiempo, a mi modo he cumplido las otras dos: rezar por las intenciones de otra persona; invitar a misa a alguien que este alejado de Dios. De un lado, he dedicado los beneficios de mi práctica de yoga y meditación a otras personas y del otro aunque no he ido a misa con mi papá, si he dedicado tiempo a estar con él y entender por qué hace lo que hace.
Por eso quiero compartir el resto de mi raspa y gane con ustedes. En caso de que alguno se anime a hacer cambios y esté bajo de inspiración como yo en el miércoles de ceniza. Desde hoy pondré uno de los propósitos acá en el blog. Si alguno quiere escribir sobre como los cumplió sería buenísimo. Acabo de raspar mi cuarta casilla: “Rezaré el rosario con mucha devoción”. No sé cómo voy a cumplirlo porque no sé cómo se reza el rosario y me cuesta creer que ese tipo de oración repetitiva tenga algún efecto. Tal vez cante con mucha devoción un mantra de yoga. Les cuento mañana.
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